Se me había quedado en algún sitio aparcado el artículo de opinión que publicó el teólogo Benjamín Forcano en Adital. Os recomiendo leerlo entero. Al menos a aquellos que tengáis pasión por la justicia (me ha encantado esta expresión). Y pego aquí algunas cositas sueltas.
Acerca de la globalización…
La globalización es un fenómeno que sobrepasa la particularidad de todo espacio, grupo, raza y credo y concierne a la universalidad de todo y de todos. Nadie puede vivir al margen de la globalización y no hay globalización en la que cada uno de nosotros no esté presente. Hemos llegado a la preanunciada “aldea global”.
Sin embargo, este momento nuevo de la globalización escapa a la mayor parte de la gente, en el sentido de que, paradójicamente, seguimos todavía dominados por una visión particularizada en cuanto a conceptos básicos se refiere. Seguimos pensando la realidad desde las categorías estrechas de territorio, patria, nación, estado, cultura, identidad, historia, etc… ¿Podemos seguir desde esas categorías entendiendo y midiendo, la realidad?Vamos creciendo en la con ciencia de que el otro es el elemento central de nuestra propia existencia: el otro, sea quien sea, es un bien de la comunidad, que hay que asegurar como el objetivo social primero y común. Somos la primera generación planetaria, terrapatriotas.
Acerca de la globalidad, la globalización y la globalización neoliberal…
Globalidad: me refiero con ello a que, querámoslo o no, vivimos en una sociedad abierta universalmente, al margen de la cual nadie puede vivir. La globalidad es esa condición de la humanidad actual, dentro de la cual aparecen y se integran una serie de dimensiones que son imprescindibles para el desarrollo de la vida: economía, comercio, cultura, ecología, derecho, religión, política, etc.
Globalización: quiere decir que el hecho de la globalidad, no es estático ni queda indeterminado. Cualquiera de las dimensiones, que integran la globalidad, debe actualizarse y definirse según un modelo, con unos objetivos u otros, elaborado y dirigido por la responsabilidad humana.La distribución de los alimentos es una función propia del comercio mundial. En una sociedad en que los alimentos son suficientes, -en la nuestra se podrían alimentar sin problema a doce mil millones de personas - (Cfr. J. Ziegler, El hambre en el mundo explicada a mi hijo, Barcelona, Mucnik, 2000, p. 120)- ningún ser humano debiera pasar hambre.
Pero ha habido una cosa que, ni antes ni ahora, ha cambiado: los más fuertes se apoderan de la comida. Explicar esto, nos llevará a entender por que más de treinta millones de personas, según la FAO, mueren de hambre en 1999 y más de siete millones de niños al año pierden la vista , la mayoría de las veces por falta de una alimentación suficiente. Enseguida aclararé el por qué de esto al hablar del mercado y la globalización. Adelanto ya que esto es así porque la globalización del comercio está controlada por una oligarquía transnacional. La subalimentación y la hambruna de una sexta parte de la humanidad es un horror absoluto. Aquí no hay selección natural que valga, sino globalización capitalista criminal.
Acerca del mercado y la globalización neoliberal…
Todos estamos de acuerdo en que el mercado es indispensable para la vida de la sociedad. El mercado siempre funcionó a base de la ley de la oferta y la demanda, fijando el precio de la mercancía, bien con trueque directo, bien con monedas o dinero.
A partir del siglo XVIII, teóricos de la economía, entre otros Adam Smith, establece como mecanismo regulador entre oferta y demanda el acuerdo del comprador y vendedor, realizado sin intervención de nadie. Es una regulación espontánea, la más beneficiosa y que actúa a modo de mano invisible.
Pero, la realidad muestra que en esa autorregulación espontánea interviene la competencia, la cual desencadena la operación a favor de unos y en contra de otros.
En general, en esa competencia imperfecta, no controlada, se impone cada vez más el predominio de los fuertes, de las grandes empresas, que acaparan los productos y adquieren en exclusiva la oferta, con lo cual quedan libres para imponer las condiciones y precios que quieran, al margen de otros competidores más débiles y anulando la libertad del consumidor.Esta libertad financiera, que no admite ninguna ley regularizadora, se consolida por la ideología del liberalismo económico, que pretende legitimar el poder del dinero y que, en realidad, no hace sino que los ciudadanos pierdan el control democrático ejercido mediante sus representantes y gobernantes. En estricto rigor, como escribe José Luís Sampedro: “La globalización económica es totalmente antidemocrática”.
Si la globalización neoliberal es “una constelación de centros con fuerte poder económico y fines lucrativos, unidos por intereses paralelos, cuyas decisiones dominan los mercados mundiales, especialmente los financieros, usando para ello la más avanzada tecnología y aprovechando la ausencia o debilidad de mediadas reguladora y de controles públicos” (José Luís Sampedro, Idem, p. 65) la consecuencia es la creciente concentración planetaria de las riquezas y del poder económico, con la subsiguiente consecuencia de que los globalizadores disfrutan de privilegios y las masas globalizadas sufre consecuencias negativas. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en 1997 el veinte por ciento más rico de la población mundial tenía unos ingresos 74 veces más altos que el veinte por ciento más pobre.
Los que apostamos por un perfeccionamiento integral de la persona y de la sociedad, creemos que otro mundo es posible, un mundo de todo y para todos, más natural y racional que el de la reducción economicista o del que nos presentan los cegados por el fundamentalismo del pensamiento único neoliberal.
Teología ante la globalización…
Son dos los elementos que acompañan a la experiencia fundante de la Teología de la Liberación: la percepción de la maldad e injusticia, que provoca rebelión y la voluntad de trabajar para corregirlas. Esa misma experiencia fundamenta el talante del cristiano que, además de la maldad, ve en ella una negación del proyecto de Dios y lógicamente se rebela contra ella.
El diseño de la globalización, tal como lo hemos descrito, constituye para nosotros la aplicación de ese momento primero de la teología, obligatorio para tomar conciencia de la realidad, ver cómo funciona y no evadirse a terrenos ilusorios. Ese análisis nos lo proporcionan las ciencias. Ellas nos presentan con exactitud la naturaleza y gravedad del problema y las causas que lo generan.
Estoy convencido que entre Evangelio y capitalismo, teología y globalización neoliberal no hay coincidencia, sino oposición. Son dos proyectos, dos dinámicas, y dos escatologías distintas. La del capitalismo apuesta por el egoísmo, el lucro, la ambición, el poder y el éxito. La del Evangelio apuesta por el amor, la justicia, la generosidad, el compartir, el servicio fraternal y la humildad.
Si hemos cobrado conciencia de que los pobres no son fruto del fatalismo sino de causas y sistemas bien determinados, no menos claro hemos de tener que el Dios de Jesús es el Dios antítesis de la pobreza, que es consecuencia de la injusticia y conduce a la muerte.
Sólo cuando los pobres se convierten en sujetos activos de su historia, se ven los ricos obligados a despojarse de las condiciones materiales de su riqueza empecatada.
Frente a la filosofía clasista y menospreciadora del capitalismo, la teología cristiana afirma que los pobres son un lugar teológico, que constituyen la máxima y escandalosa presencia de Dios en la sociedad. En Jesús de Nazaret, Dios se manifiesta haciéndose uno de nosotros, adoptando una vida desde la justicia y el amor a favor de los desheredados, contra la explotación de los poderosos, y por eso, acaba en fracaso y asesinato. Dios, en Jesús de Nazaret, abandona toda suerte de neutralismo y toma partido contra los empobrecedores.
La Iglesia, por tanto, debe estar allí donde están los pobres, no donde está la riqueza sino donde la pobreza. Lo cual quiere decir que debe estar donde estuvo su Fundador, es decir, en el lugar social de los pobres.
Tomen nota aquellos que eligen estar en la riqueza y entre el poder, esa es su forma de estar con Dios. Sólo que ese no es el Dios de Jesús.
Publicado por LaCharlotada


