Católicos, pero ateos
Para protegerse de las sacudidas revolucionarias, viejos volterianos se aliaron con católicos en lo que Victor Hugo llamaba “la sensibilidad católica de los ateos”. Prototipo del experimento era el reaccionario Charles Maurras, que se decía “católico, pero ateo”. Este acercamiento de los volterianos conservadores a los católicos ultramontanos no estaba movido por ideales morales, sino por intereses materiales. Adolph Thiers, antiguo comecuras y luego jefe del Gobierno que masacró la Comuna, decía que había que desterrar “a esos detestables pequeños profesores laicos”, santo y seña del republicanismo francés, y sustituirlos por religiosos de las escuelas cristianas, que saben enseñar al obrero “que está aquí para sufrir y no para disfrutar, como enseña la filosofía de los otros”.Estos políticos ponían alfombra roja a la Iglesia para que predicara lo que ellos querían oír, a saber, que “tenía que haber hombres que trabajaran sin rechistar”. A la Iglesia le fue bien mientras quisieron sus aliados. Pero la sociedad no olvidó y, por eso, cuando tuvo la ocasión, en 1905, la Iglesia fue recluida en la sacristía y remitida a sus propios medios de financiación. Entonces se produjo la estricta separación de la Iglesia y el Estado. Los tiempos son otros. El PP pide que le ayuden a ganar, por eso está intranquilo con la nota de los obispos. Es tan torpe que puede producir el efecto contrario. “La extrema izquierda”, como dice la COPE, podría desperezarse e ir a votar. Mal negocio. Mejor sería que la Iglesia fuera libre y crítica en nombre de sus creencias.
Tribuna de opinión por Reyes Mate, filósofo e investigador del CSIC, publicada en El Periódico.

