23 de abril, Don Quixote

23 Abril 2008

Don Quijote, la aventura (La serie de TV)

Creo que aprendí a leer con esta serie. Bueno, no, en realidad fue con la cartilla Palau. Pero es que por más bonita que sea la portada de esas cartillas, carece de romanticismo. Así es que me gusta pensar que aprendía leer con esta serie, más en concreto con un libro de viñetas que era adaptación de la serie. Igual fue con los tebeos de Mortadelo y Filemón que todas las noches me leía mi padre sin poder seguir ningún orden porque yo le marcaba las viñetas que quería me leyera.

No… seguro que fue con el libro de viñetas de Don Quijote con lo que aprendí a leer. Todavía lo tengo por casa, deslomado el pobre y lleno de celo para intentar rejuntarlo y que pueda aguantar el paso de otros casi 30 años y que los nietos de nuestra generación lo puedan también disfrutar.

La serie me encantaba. Estoy convencido de que en aquella época era mi favorita aunque a esa edad pocas cosas favoritas se pueden tener si no se conoce casi nada, igual que antes habían sido mis favoritas Heidi y La Abeja Maya. La hacían, creo recordar, en fin de semana, después del telediario. En la hemeroteca de El País me he enterado de fue repuesta a finales de los 80 (quizá esa sea la razón de que mi hermana se acuerde de la serie, porque en aquella época no teníamos aparato de vídeo ni lo soñábamos siquiera) y que su estreno se programó para octubre de 1979.

Y esa sintonía de cabecera de Botones…

Todo esto venía que hoy es el día internacional del libro, ¿no es cierto? Sí, hombre, por eso de que una trampa en el calendario hizo que Shakespeare y Cervantes murieran el mismo día. Otra ombligada (por lo de internacional), solo que en ésta parece que hemos hecho de argentinos o italianos y la hemos sabido vender al exterior, a costa de que nadie se acuerde del origen, supongo.

Pues nada, a ver qué recomendaciones encontramos por ahí. La mía va a ser de Eduardo (Hughes) Galeano, “Espejos. Una historia casi universal” de reciente publicación en España y del que he podido leer algunos fragmentos por Internet que me han dejado un estupendo sabor de boca y unas ganas locas por leerlo con tanto cariño como, por ejemplo, El libro de los abrazos del mismo Galeano.