Disney en TDT

28 Mayo 2008

Disney Channel, a partir del 1 de Julio, la podremos ver por la TDT (ya sabéis, esa tele que nos tendremos que tragar sí o sí sin aportar nada nuevo). No irá a tener esto relación con que Prisa se esté pensando si se deshace o no de Digital+.

Y al final se ha desvelado el misterio… Adiós, FlyMusic, adiós.


Echo de menos

26 Mayo 2008

Una de mis favoritas de siempre.

INTRO:Am AmMaj7 Am7 Am6 F(F E Eb)E

         Am
Echo de menos
           Dm
la cama revuelta
               Bm7b5
ese zumo de naranja
E7                 Am
  y las revistas abiertas

En el espejo
ya no encuentro tu mirada,
no hay besos en la ducha
ni pelos, ni nada

Entre nosotros
un muro de metacrilato
no nos deja olernos
ni manosearnos

Y por las noches
todo es cambio de postura
encuentro telarañas
por las costuras

(INTRO)

       F
...lo mismo te echo de menos, lo mismo,
                            E7
que antes te echaba de más...

    A7                            Cm7
Si tu no te das cuenta de lo que vale
    G7             Cmaj7
el mundo es una tontería
        Fmaj7          Bm7b5
si vas dejando que se escape
       E7         Am
lo que más querías

Echo de menos
el crujir de tus tostadas
sentir por el pasillo
tu gato que araña.

En mi camisa
llevo tu aroma preso
y el rojo de tus labios
por el cuello

Entre nosotros
un muro de metacrilato
no nos deja olernos
ni manosearnos

Y por las noches
todo es cambio de postura
Encuentro telarañas
por las costuras

... lo mismo te echo de menos, lo mismo,
que antes te echaba de mas..

Si tu no te das cuenta de lo que vale
el mundo es una tontería
si vas dejando que se escape
lo que más querías

Tablatura y transcripción de acordes obtenida de aquí. Para consultar los acordes raros, 8notes.com.


Partir

25 Mayo 2008
  • Partir pan.
  • Compartir vida.
  • Repartir gratuidad.
  • Impartir esperanzas.

¿Y qué tiene que ver esto con la parafernalia y el boato de las celebraciones de cara a la pared?

Me he acercado a ver la procesión del Corpus de Valencia algún que otro año. La primera vez que la vi en realidad nos la encontramos de cara mientras paseábamos por la calle la Mar. Los misteris los he visto una sola vez, el convite no lo recuerdo haber visto. Está bien, es colorida, folclórica y tal. Y ya está. Que por favor se quede así, como muestra del folclore de los que aquí vivimos, como la muixeranga o les danses guerreres de La Todolella o cualquier otra que puedan encontrar, pero no como una exaltación pública del Sacramento, que podría tener su cosa en el siglo XIV con una religión impuesta a los analfabetos, pero ahora que todos sabemos leer y tenemos acceso a las fuentes… un poquito anacrónico, ¿no?

Ya está bien de concesiones a estas minorías tradicionalistas que empiezan por secuestrar a mi Dios apropiándose de él y acaban por imponerme su moral; que yo quiero vivir en positivo, liberado y dando testimonio de vida.


Scarlett - Esther, Esther - Scarlett

22 Mayo 2008

Scarlett Johansson, canciones de Tom Waits y coros de David Bowie, un estudio de grabación y… el resultado es éste (bueno, esto es solo una muestra).

La canción no está mal, pero tampoco está bien. La lástima es que como tiene miedo escénico, pues no la podremos ver de cerca en un escenario y nos tendremos que seguir contentando con verla en la pantalla de un cine o en la tele.

Y puesto a pensar en lo injusto que es el mundo, ¿por qué puede grabar un disco Scarlett Johansson y no Esther de OT2008? ¿Por qué está más buena, es más rica y tiene mejores contactos? ¿O acaso os pensáis alguno que con ayudas de producción no lo podría hacer igual de bien que la americana?

Una injusticia el mundo, HOYGAN.


Sinkin’ Soon

20 Mayo 2008

Lo ví ayer, no estoy seguro de si en El Flyer o en el Fly Box, pero seguro que antes de cenar. ¿Cómo es que no lo había visto antes? No tengo respuesta, ni perdón, porque sí que me habían recomendado el disco… ¿Cuánto hace que no me pongo nada de Norah Jones? Pues igual han sido 4 años.

Me enamoró la canción. Me transportó a uno de esos barcos en medio del Mississippi en los años 10 ó 20 del siglo XX, sentado en una mesa en un rincón y con una pequeña formación una chica cantando en el escenario.

Se llama Sinkin’ Soon y es el corte 2 del disco Not Too Late que publicó en 2007.

Y si queréis lo podemos ver en directo.

¿No os ha pasado como a mi? Esta noche, si OT me lo permite, me pondré Cotton Club o cualquier otra película que me haga soñar. Se aceptan recomendaciones (más que nada porque estoy intentando recordar cómo se llamaba una que vi los cines estos de sesión continua que estaban o están cerca de la Avenida Antiguo Reino de Valencia, y no me viene a la cabeza… igual que tampoco me acuerdo de cómo se llamaban esos cines Y no, no era Balas sobre Broadway que creo que también la vi allí).


El conejo de la Lilly

20 Mayo 2008

No os lo váis a creer, pero es que me da palo poner la foto del potorro de la Lilly aquí. Así es que os invito a que lo veáis en PerezHilton. Si queréis, vaya, que en realidad la cosa es más bien lamentable que morbosilla. De forma resumida,

The Smile singer, not wearing any panties, got shitfaced drunk (again) in Cannes on Friday night and totally flashed her girly bits to the photogs at the party she was at.
Her dad was there.
He must be so proud!

Y que nadie diga que esta niña no es rubia natural, por favor. Aunque en el vídeo que hizo que una vez fuera famosa la conociéramos como morena.

Donde hemos llegado… una vez más.


Calvin & Hobbes

14 Mayo 2008

No recuerdo haber prestado atención nunca una tira de Calvin y Hobbes antes de ver cómo las disfrutaba pperez333, puede que ni siquiera supiera de su existencia. Tampoco voy a decir que fuera entonces cuando me enganchara a ellas, simplemente empecé a descubrirlas y poco a poco aprendí a saborearlas; es que yo hasta ese momento, en tiras de 4 viñetas, sólo había tenido ojos para Mafalda.

He visto que en la revista LaDinamo han publicado un artículo en el que analizan con mucho detalle los personajes de esta tira.

Calvin es un niño de seis años que ha nacido en la acelerada era de la televisión: busca información rápida, consumo veloz, estímulos por doquier… Como consecuencia Calvin se aburre mucho y, como se aburre, juega. Una de las claves narrativas de Calvin y Hobbes son las continuas digresiones entre realidad y ficción. Un intento por bañar a Calvin o la visita a la oficina del director de su colegio se convierten en un paseo espacial del mítico “Capitán Spiff” o algún otro alter ego. Su autor explica así esta dicotomía: “No pienso en Hobbes como un muñeco que cobra vida milagrosamente cuando aparece Calvin. Ni tampoco pienso en Hobbes como un producto de la imaginación de Calvin. La naturaleza de la realidad de Hobbes no me interesa. Calvin ve a Hobbes de una manera, y todos los demás lo ven de otra. Muestro dos versiones de la realidad, y cada una tiene sentido para el participante que la ve. Creo que es así como funciona la vida”.

Cuando la gente habla de Calvin y Hobbes tiende a olvidar al segundo o a considerarlo un apéndice del primero y, si bien es cierto que la tira se centra en las aventuras del niño, su tigre es mucho más que un personaje secundario. El propio Watterson pone los puntos sobre las ies en torno a la “identidad real” de Hobbes. Es mucho más que un tigre o un peluche. Hobbes es el contrapunto perfecto a Calvin, el sosiego ante su desmedida furia, la modestia frente al ego descontrolado del niño. A veces, especialmente en lo que se refiere a su relación con Susie Derkins (la “niña” que Calvin odia-ama) parece expresar los auténticos deseos de Calvin hacia ella, algo que el niño considera una imperdonable traición. Su condición de “animal” le permite mirar los comportamientos de los seres humanos con cierta distancia y juzgarlos con una mezcla de comprensión e ironía que saca de quicio a Calvin.

Como conclusión,

Calvin y Hobbes es una de las tiras cómicas más importantes de la historia del medio. Su influencia se hace notar en casi todo el género autobiográfico-adolescente-irónico (con Zits, en su versión políticamente correcta, a la cabeza). Sin embargo, y por desgracia, Calvin y Hobbes no han sido superados. La prensa escrita sigue reimprimiendo su antiguo material mientras espera a que algún otro genio vuelve a hablar de la vida y la infancia con la libertad y el sentido del humor de Watterson.


Condena de la poligamia

13 Mayo 2008

¿Os habéis enterado de la última que ha montado la vicepresidenta Fernández de la Vega en África?

Hace dos años fue cuando se puso a bailar con las mujeres de Mozambique o de Kenia, no recuerdo, vestida con sus mismos trajes y todo quedaba muy bonito, muy cool. Ahora está en Níger y se ha sacado una foto con el socio, y sus tres esposas, de un señor valenciano que se dedica al negocio de la chufa; y dice que se encuentra “horrorizada”, se pensaba que las esposas eran hijas de este señor.

Yo sería capaz de entender que se sorprendiera. Pero que se horrorice… no señor, eso no lo entiendo. Tampoco lo debe entender Enric González, quien le da otro nombre en su columna en El País, el de machismo (por entender que se han juntando abuso, manipulación e hipocresía). Pero no quiero hoy decir que esta ha sido una más de las muestras de progresía de uno de los miembros del gobierno de Rodríguez Zapatero, que aunque sea verdad queda feo si lo digo y precioso en boca de Julio Anguita. Prefiero pensar que nuestra vicepresidenta desconoce que Níger es un país de mayoría musulmana y que el Corán permite la poligamia, una forma de matrimonio que muchas personas viven con normalidad porque es parte de su cultura, de su religión (que condiciona mucho más a la persona que no la cultura, todo hay que decirlo). Y que si conocía esta situación, es perfectamente capaz de entender que aquí, en España, haya gente que se “horrorice” con algunos tipos de matrimonios legales o al menos no esté de acuerdo con ellos.

No creo que haga falta decir que ni estoy justificando la poligamia ni condenando los matrimonios entre personas que no sean del mismo sexo, ¿verdad? No es esa mi postura ni frente a la una ni frente al otro.

Desconozco si la señora Fernández de la Vega es cristiana. Es que yo sí. Así es que, tal como me enseñaron hace muchos años ya, voy a emitir mi juicio (entendido como opinión) a la vista de este “episodio”.

Jesús no condenaba. Ni a los adúlteros, ni a las prostitutas, ni los ladrones, ni a los asesinos. Tampoco los polígamos. Y nada parece indicar que estuviera de acuerdo con ellos. Simplemente les comprendía. Como era capaz de comprender todos los sentimientos humanos. Y porque les comprendía, les amaba. Y porque les amaba, no condenaba.

Nuestra postura debe ser la de ponerse en el lugar del otro, intentar comprenderlo, hacer un esfuerzo para comprenderlo. Solo así es cuando, aunque no estemos de acuerdo con el otro, no emitiremos un juicio condenándolo. Y comprendiéndolo, al descubrir sus “miserias” y sus problemas, sus ilusiones y su lucha por conseguirlas, es que podemos empezar a amar al otro.

Así de difícil.


El imperio del consumo

8 Mayo 2008

Comer en el trabajo, de una fiambrera calentada en el microondas, tiene sus cosas. Entre otras, que además de los fijos siempre es posible que se quede algún “ocasional” para amenizar con nuevas conversaciones a mitad camino entre el discurso y el mitin las habituales, que al final uno se cansa de tanta carrera de montaña, tanta oferta de Lidl y Aldi, tanto onanismo mental hedonista superficial y tanto comentar la jugada de la partida de tute del día anterior como si fuera la final de la Copa de Europa con un penalti que decide el ganador en el último segundo.

Hoy se ha quedado a comer uno que no es de los de siempre, seguramente porque de 4 semanas que tiene un mes se pasa 3 viajando. Después de comer, ya con el yogur y el café-cortado-chungo-de-máquina, ha empezado con un “es que os pensáis que soy de ultraderecha por lo menos, y estáis muy equivocados, porque soy más socialista que muchos que se dicen socialistas”, le he interrumpido con un “yo, particularmente, más bien te encuadro entre fascista, de los del Partito Nazionale Fascista de Mussolini, y falangista, de los de Falange de José Antonio, como en la década de los 30 del sigo XX”. Espero que no se me haya enfadado mucho porque la palabra fascista no es algo que a nadie le guste oírla dirigida a sí misma, ni si quiera a los propios fascistas. El caso es que lo que ha seguido a continuación ha sido un mítin en toda regla y de los agotadores. Lo que más se me ha quedado es “en las facultades tendrían que explicar economía con un Monopoly, que eso es el capitalismo y dejarse de dar vueltas a todas esas teorías y fórmulas que no se entienden” porque me he dedicado a pensar en qué es antes, si el huevo o la gallina.

Para compensar el cansancio mental de la hora de la comida me acabo de leer este artículo de Galeano que hoy, reforzando mi teoría de que todo en Internet te vuelve aunque lo borres, me ha llegado y ya había leído hace tiempo.

El imperio del consumo

Eduardo GALEANO
Montevideo, Uruguay

La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar.

La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y
más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.

«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».

Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar. El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados.

Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.

Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la
mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald’s, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.

El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald’s no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald’s dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald’s de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín. Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald’s viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados de McDonald’s, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.

Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche,
y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.

Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar? El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.

Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiende en las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio.

Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas? El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial.

El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante.

El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.

La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.

Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.


Feliz por ser cristiano

7 Mayo 2008

Hace un par de semanas comenté las actitudes de Mons. Reig Plá y sus “brigadas católicas” en Murcia. Y un(a) lector(a) del apunte, con una visión diferente de la mía seguramente por estar Orgullosa de ser Católica, dejó su comentario. Pensé primero en no darle más importancia pues me pareció que era un poco provocación y ganas de ruido. Y, como ya he dicho otra vez, es que yo soy anticlerical.

El caso es que ayer por la noche me encontré leyendo esta reflexión de José María García-Mauriño en ecleSALia y lo voy a pegar aquí entero. Quizá porque yo no lo habría sabido escribir así de claro, quizá porque me parece una contestación inteligente a aquel comentario, quizá porque el camino que me ha llevado a descubrir cómo vivió ese tal Jesús e intentar vivir de esa misma forma ha dado sentido a mi vida.

Jesús, profeta laico
José María García-Mauriño

Los cristianos no somos seguidores de un líder religioso, sino que seguimos a un Profeta laico. Jesús fue un laico. Ni fue sacerdote, ni funcionario de la religión, ni nada parecido. Es más, Jesús vivió y habló de tal manera que pronto entró en conflicto con los dirigentes de la religión de su tiempo, los sacerdotes y los funcionarios del Templo, los representantes oficiales de “lo religioso” y “lo sagrado”. La gran revolución religiosa llevada a cabo por Jesús consiste en haber abierto a los seres humanos otra vía de acceso de Dios distinta a la de lo sagrado. Es decir, la vía profana de la relación con el prójimo que no pasa por la Ley. Y la relación ética vivida como servicio al prójimo y llevada hasta el sacrificio de uno mismo. Jesús abrió otra vía de acceso a Dios a través de su propia persona, aceptando pagar con su vida al combatir esa creencia de que el culto religioso de los sacerdotes tenía el monopolio de la salvación. La salvación venía de otra parte. Jesús denunció los abusos del poder religioso y del poder político.

“Jesús dejó sentado que el camino hacia Dios no pasa por el Poder, ni por el Templo, ni por el Sacerdocio, ni por la Ley. Pasa por los excluidos de la historia.” (José Ignacio González Faus).

Una de las equivocaciones más peligrosas en que ha incurrido la Iglesia ha sido identificar la fe con la religión y con lo sagrado. De forma que, para obispos, clérigos y fieles incondicionales, tener fe es lo mismo que ser religioso, con una religiosidad que tiene su centro en lo sagrado, es decir, en lo separado de lo profano y lo laico. Además, “lo religioso” y “lo sagrado”, cuando se ve como lo único verdadero, es “lo privilegiado”. Es decir, lo que merece y debe tener derechos y privilegios que no están al alcance de los que practican otras religiones, los agnósticos y los ateos. Es lo que dicen ellos. Nosotros creemos que la comunidad de creyentes debe acabar con los privilegios de la Iglesia. Y esto, es importante por motivos jurídicos, sociales y políticos, pero lo es, además, por razones estrictamente teológicas. La Iglesia tiene su origen en Jesús. Y su primera preocupación ha de ser intentar vivir y hablar como vivió y habló Jesús.

Resulta significativo y extraño que siempre que los evangelios mencionan a los Sumos Sacerdotes es para presentarlos como agentes de sufrimiento y de muerte. Y en la parábola del buen samaritano, a Jesús no se le ocurrió otra cosa que presentar como modelo de humanidad solidaria a un hereje y un infiel (el samaritano), mientras que fueron precisamente los representantes oficiales de la religión los que pasan de largo ante el sufrimiento humano. El samaritano andaba mal de religión, pero tenía humanidad. Y eso es lo que destaca Jesús. En eso se centraba su gran preocupación. Para Jesús era más importante “lo humano” que “lo religioso” y “lo sagrado”. Lo humano es “lo laico”, lo común a todos. “Laico” viene del término griego “laos”, el “pueblo”. Y está claro que Jesús antepuso lo laico a lo religioso. Cuando Jesús, en la boda de Caná, convirtió el agua en vino, no utilizó un agua cualquiera, sino precisamente aquella que tenían en la casa “para las purificaciones rituales”. Es decir, Jesús convirtió el enorme y pesado ritual religioso (6 tinajas de piedra de unos 100 litros cada una) en el mejor vino, para que la fiesta, la alegría y el disfrute de la vida no se pudiera acabar. Esto es lo propio del Reino de Dios, la felicidad y la alegría para todos y todas. Jesús antepuso siempre lo humano y lo laico a lo religioso y lo sagrado.

Llama la atención el carácter tan poco “religioso”, en términos de aquella época, que Jesús atribuye al Reino-Reinado de Dios. No gira en torno al templo, ni se prescriben sacrificios o actos de culto. Tampoco existen funciones sacerdotales ni personas que actúen como intermediarias. Sin duda que Dios está muy en el centro de este mensaje que lleva su nombre. Pero es un Dios desplazado de los lugares sagrados. Ahora se encuentra en plena vorágine de la vida, sobre todo de personas y colectivos marginados: los chiquillos, los enfermos, los recaudadores, las prostitutas, los pobres, lisiados, ciegos y cojos…. Y se identifica con las tareas corrientes que hace la gente en su vida diaria: el sembrador, el pastor, la pesca, la mujer que amasa la harina o que limpia su casa… Esa identificación con el ser humano, con su felicidad, con su sufrimiento y con su marginación, permite al Reinado de Dios superar los límites culturales y religiosos en que vivió el propio Jesús. Por eso, mantiene una universalidad, una modernidad y una “laicidad” actual.