
No todos los clásicos son películas antiguas. Tampoco tuvieron por qué haber sido grandes producciones ni taquillazos. Creo que esto mismo ya lo he dicho más veces. Y ésta es una de esas películas que inmediatamente que la ví, allá por el 95 ó 96, pensé que sería un gran clásico. La he vuelto a ver hace unos pocos días y efectivamente creo que ya es todo un clásico.
El guión de Paul Auster, contando una historia con los mismos matices y detalles y ternura que en sus libros, ya es un buen presagio. La dirección pausada de Wayne Wang todo un acierto. Y los personajes… no parecen personajes, parecen personas, personas normales y corrientes de las que te puedes encontrar cualquier día por la calle, con sus problemas, su pasado, su presente y sus esperanzas cara al futuro. Además de las interpretaciones, que no parece que estes viendo actores en un papel sino sus propias vidas delante tuyo… Cuando todo eso se junta, nace la magia del cine.
Las diferentes historias que cuenta la película tienen como punto en común a Auggie o más bien su tienda de tabaco en una esquina en el medio de Brooklyn. Auggie es no es sólo un tipo que cobra detrás de un mostrador; todos los días a las 8 en punto de la mañana detiene el tiempo con su cámara de fotos, fotografiando siempre el mismo pequeño lugar del mundo, su esquina; es un creador de historias. Paul es uno de sus clientes, un escritor bloqueado desde la muerte de su mujer hace un par de años. Rashid le salva de ser atropellado al cruzar una calle y con el propósito de equilibrar las acciones (tú haces algo por mí, yo hago algo por tí) le ofrece su casa para que se instale durante unos días. Cyrus intenta huir de su pasado y un día aparece Rashid, su hijo, en su pequeña gasolinera enmedio del campo, sin darse a conocer pero intentando también detener el tiempo no con fotografías sino por medio de sus dibujos. Paul le consigue un trabajo al chico en la tienda de Auggie y juntos se dedican a ver partidos de béisbol en una tele en blanco y negro que Rashid le ha traído a Paul. Un día aparece una antigua novia de Auggie, Ruby, sin dinero y buscando a su hija en Nueva York, embarazada y toxicómana, para pedirle ayuda.
Y a pesar del dibujo que se presenta, la película habla de esperanza, de la esperanza que todos ellos tienen en la vida, en el futuro, en la amistad. Alguien se preocupa por ellos. Un gran lienzo de la vida cotidiana, esa vida que a todos nos jode un poquito y sin embargo vamos viendo día a día esperando que mañana sea mejor día que el que hemos tenido hoy y que cuando pasan varios mañanas descubrimos que en algo sí que ha mejorado.
Cuando queráis os la paso si no la habéis visto y ya diréis, es sensacional. Y si la habéis visto, ¿soy yo el único que le parece cojonudo el tipo del plano en el fondo cuando Auggie está contado su cuento a Paul en el restaurante?
Etiquetas: Forest Whitaker, Harold Perrineau Jr., Harvey Keitel, Paul Auster, Stockard Channing, Wayne Wang, William Hurt
27 Marzo 2009 a las 16:17 UTC
Quiero volverla a ver. Cuando pueda te la cojo. Además quedaremos para hablar, que hace ya tiempo que no nos tomamos unas cervecitas amigas y ya hay ganas.
28 Marzo 2009 a las 02:27 UTC
Por cierto, ¿por qué es tan atractivo el fumar cuando lo ves en el cine, siendo tan asqueroso y desagradable el vicio del que no me puedo desenganchar?