
Bueno, no está mal. Fue lo primero que pensé en cuanto acabé de leer el libro, y eso que la Charlotera ya se lo había leído y me advirtió que sí pero no, que bien pero mal, que ni fu ni fa. Unos días después quizá tenga algo más que decir sobre él.
Bruno es un niño de nueve años que vive en Berlín con su familia. Es feliz. Un día debe trasladarse por motivos de trabajo de su padre a un lugar lejano y apartado donde no podrá jugar con otros niños. Odia ese lugar. Pero un día descubre una valla y al otro lado de valla a un niño con el tiene muchas cosas en común, como el día de su nacimiento, llamado Shmuel. Se convertirá en su mejor amigo de por vida.
Es un libro de fácil lectura, lo cual todavía no he decidido si lo apunto en la lista de las cosas positivas o en la de negativas. Aunque en la contraportada dice “If you do start to read this book, you will go on a journey with a nine-year-old boy called Bruno (though this isn’t a book for nine-year-olds)”, tampoco me parece que sea estrictamente un libro para adultos. Vale, puede ser una fábula alegórica y quizá por eso:
- Un niño alemán, de Berlín, de nueve años e hijo de un comandante del ejército desconoce por completo qué es un judío.
- El mismo niño no sabe pronunciar correctamente Out-With (confieso que me costó leerlo tres o cuatro veces para saber a dónde ser refería).
- Un niño judío y polaco, de Cracovia, de nueve años e internado en Auschwitz no sabe explicar ni entender lo que sucede allí dentro.
Quizá sea por eso que aunque mientras lo estaba leyendo varias personas me han comentado que les había encantado, que literalmente habían devorado el libro, a mi me ha dejado un poco indiferente. Vaya, no me ha parecido para tanto. Y por supuesto no estoy nada nada de acuerdo con las dos últimas frases del libro que dicen “Of course all this happened a long time ago and nothing like that could ever happen again. Not in this day and age.” cuando día a día nos damos cuenta de que sí que suceden… aunque las queramos camuflar.
Si queréis que os diga la verdad, como fábula y alegoría del horror prefiero al Goya de las Pinturas Negras.
Por cierto, no he visto la película y creo que no la veré. A no ser que alguien me diga y me resulte convincente en que no podría vivir sin haberla visto, creo que va a ser de esas tantas que las dejas pasar sin más.
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