Lectura de domingo

7 Julio 2008

Javier Marías, en su columna de El País Semanal de ayer domingo.

Con nuestros votos imbéciles

Javier Marías
El País Semanal, 6 de Julio de 2008

Uno de los mayores peligros de nuestro tiempo es el contagio, al que estamos expuestos más que nunca –en seguida sabemos lo que ocurre en cualquier parte del mundo y podemos copiarlo–, y en unas sociedades en las que, además, nadie tiene el menor reparo en incurrir en el mimetismo. Y a nadie, desde luego, le compensa ser original e imaginativo, porque resulta muy costoso ir contracorriente. Es el nuestro un tiempo pesado y totalitario y abrumador, al que cada vez se hace más difícil oponer resistencia. Y así, las llamadas “tendencias” se convierten a menudo en tiranías.

Una muestra reciente de esta rendición permanente ha sido la aprobación por aplastante mayoría, en el Parlamento Europeo, de la “directiva de retorno” para los inmigrantes ilegales. Es ésta una directiva repugnante, llena de cinismo y falta de escrúpulos, que a muchos europeos –pero ay, no a los bastantes– nos ha hecho sentir vergüenza de pertenecer a este continente. Como si se tratara de una parodia de Chaplin o Lubitsch, el ponente y promotor de dicha directiva ha sido un eurodiputado alemán del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, que apareció en televisión muy ufano de su vileza y vestido de tirolés, cuando a nadie se le oculta qué clase de gente se viste así, todavía, en su país y en Austria. A este individuo grotesco le han dado la razón y sus votos no sólo sus correligionarios franceses (a las órdenes de Sarkozy), italianos (a las de Berlusconi, Bossi y Fini, notorios e indisimulados racistas), polacos (a las de los nacional-católicos gemelos Kaczynski), españoles (a las de Rajoy y sus flamantes “moderados”) y demás, sino también un buen puñado de eurodiputados socialistas, incluidos dieciséis de los diecinueve que España tiene en la Cámara (a las órdenes de Zapatero). Yo no sé con qué cara se atreverán el Gobierno y el PSOE, a partir de ahora, a proclamarse justos y democráticos y humanitarios, puesto que con sus votos propugnan que se “retenga” durante año y medio –año y medio– a un inmigrante ilegal cuyo único delito haya sido entrar clandestinamente en un país europeo huyendo del hambre, la guerra y la desesperación. Y asimismo propugna que los menores puedan ser enviados sin garantías a cualquier país, aunque no sea el suyo de origen. Todos sabemos lo que espera a esos críos: en algún punto del trayecto, una red de traficantes que, con el visto bueno de los europeos, se los llevarán a donde les parezca para utilizarlos como les plazca: esclavos, objetos sexuales, combatientes, donantes involuntarios de órganos. Y esto se producirá mientras los gobernantes europeos, con la mayor hipocresía, dicen preocuparse cada vez más por los riesgos que acechan a nuestros menores.

Durante años se ha hecho la vista gorda con los inmigrantes ilegales. Se los ha explotado como mano de obra barata, casi gratuita, y se ha callado convenientemente que eran necesarios para nuestras economías y para que cubrieran los puestos de trabajo que los europeos –ya muy señoritos– se niegan a cubrir. Queremos que alguien recoja la basura y barra las calles, cuide de nuestros abuelos enfermos y de nuestros niños malcriados y consentidos, ponga los ladrillos de las cien mil construcciones vandálicas que han propiciado la corrupción de los alcaldes y la codicia de los promotores inmobiliarios, se ocupe de las faenas más duras del campo y limpie nuestras alcantarillas. Nosotros no estamos dispuestos a ensuciarnos las manos ni a deslomarnos. Que vengan esos negros, sudacas y moros a servirnos, esos rumanos que no tienen donde caerse muertos y que se prestarán a cualquier cosa, más les vale. Les daremos cuatro cuartos y asunto liquidado. Ahora, sin embargo, nos hemos hecho muy mirados con los cuatro cuartos, porque hay “crisis”. Hemos visto que algunos de esos inmigrantes delinquen –como si no delinquieran algunos españoles, italianos, alemanes o franceses de pura cepa– y, contagiados por Berlusconi y sus compinches –los cuales nunca han delinquido, por cierto, no se entiende por qué tienen tantas causas abiertas que los incriminan–, empezamos a pensar que todos esos inmigrantes son unos criminales. Y, como lo pensamos, aprobamos una directiva que los convierta en tales por el mero hecho de existir y haber osado pisar suelo europeo. Se los detendrá hasta año y medio, y sin asistencia judicial, como si fueran presos de ese Guantánamo contra el que los europeos aún nos atrevemos a clamar. Mientras tanto, ese propio Parlamento, quizá en previsión de la próxima escasez de mano de obra foránea y barata, permite también que nuestra jornada laboral alcance las sesenta e incluso las sesenta y cinco horas semanales. Algo nunca visto ni tolerado desde 1917. Y añaden hipócritamente: “según el libre acuerdo entre contratadores y contratados”. ¿Libre acuerdo? Todos sabemos también lo que ocurrirá. El empleador le dirá al empleado: “Usted trabajará sesenta horas. Si no le gusta, es libre de no aceptar, pero yo no voy a cambiar mis condiciones”. ¿Y qué creen que contestará el empleado, en una Europa en la que el empleo es precario y en la que se lleva decenios convenciendo a la gente de que se hipoteque de por vida para comprar un piso de mierda que habrán construido esos negros y sudacas a los que toca detener y expulsar? No me extrañaría que de aquí a poco los europeos tengan que envainarse su señoritismo y que volvamos a verlos barriendo calles, sólo que durante diez horas al día, seis días a la semana. Esta es la repugnante Europa que construimos, con nuestros votos imbéciles.

Insisto en desterrar la expresión inmigrante ilegal (ilegal, que es contra ley) de nuestro vocabulario y sustituirla por inmigrante irregular (irregular, que está fuera de regla). Al final nos creeremos que una persona puede ser ilegal o estar en situación ilegal, cuando en todo caso está en situación irregular.

Claro, que con leyes como esta directiva… denles tiempo, señores, denles tiempo.


Motivos evidentes

3 Julio 2008

Algunos de los motivos más evidentes por los que hay que rechazar la Directiva europea sobre inmigración

Plataforma “No nos resignamos”

— La expulsión puede tener lugar hacia un país de tránsito con arreglo a acuerdos de readmisión comunitarios o bilaterales o de otro tipo, por lo que una persona puede ser entregada contra su voluntad a un país que le sea totalmente ajeno, sin garantías reales de respeto de sus derechos humanos.

— Lo antes citado incluye a los menores, que podrán ser expulsados a “países orfanato” en los que no dispongan de familia, con la única y frágil condición de una presunta ³garantía² de que la entrega se hará a unos servicios de recepción adecuados. ¿No podemos cuidar a esas criaturas para garantizar el respeto de sus derechos y su futuro bienestar?

— Las personas en trámite de expulsión podrán ser internadas por un periodo de hasta seis meses, ampliable hasta 18 meses si hay demoras en la obtención de la documentación necesaria que deban expedir terceros países.
Parafraseando a Vasili Grossman, podríamos hablar de un nuevo tipo de prisioneros, “criminales que no han cometido ningún crimen”. Cabe recordar que el delito de abuso sexual sobre menores puede ser penado con sólo 18 meses, de forma que antes de ser expulsada una persona migrante que comete una mera irregularidad administrativa puede estar privada de su libertad durante el mismo tiempo que un padre pederasta que abusa sexualmente de su hija de siete años.

— El internamiento puede ser dictado por autoridades administrativas, no necesariamente judiciales.

— El internamiento podrá llevarse cabo en centros penitenciarios, aunque en forma separada de los presos ordinarios.

— Los Estados pueden acogerse a un derecho de autorización previa de las visitas a centros de internamiento que deseen realizar las organizaciones y los organismos nacionales, internacionales y no gubernamentales pertinentes y competentes, anulando así la eficacia de una acción inspectora.

Es preciso dar a conocer esta situación, ya que estas medidas incluidas en la directiva de retorno pueden ser rechazadas en común por muchas personas si las conocen, aunque entre ellas haya puntos de vista diferentes sobre el tratamiento a dar a las personas migrantes en situación irregular.

Pedimos la rectificación de la directiva de retorno.

No Nos Resignamos
http://www.nonosresignamos.net
nnr@nonosresignamos.net


Salvador Allende

26 Junio 2008

Hoy Salvador Allende hubiera cumplido 100 años. Ricardo Lagos (presidente chileno entre 2000 y 2006) le recuerda en El País (donde por cierto vale la pena leer los comentarios de los lectores, muy ilustrativos).

¿Cuánto ha cambiado el mundo en estos treinta y cinco años?

“Estamos frente a un verdadero conflicto frontal entre las grandes corporaciones transnacionales y los Estados. Estos aparecen interferidos en sus decisiones fundamentales -políticas, económicas y militares- por organizaciones globales que no dependen de ningún estado y que en la suma de sus actividades no responden ni están fiscalizadas por ningún Parlamento, por ninguna institución representativa del interés colectivo. En una palabra, es toda la estructura política del mundo la que está siendo socavada. Los mercaderes no tienen patria. El lugar donde actúan no constituye un vínculo. Sólo les interesa la ganancia. Esta frase no es mía; es de Jefferson.”

Supongo que habrá cambiado lo suficiente para que el sentimiento aquí sea el mismo que a un océano y casi un continente de distancia, la decepción frente a la mediocridad de clase política que impide (o no permite) la justicia y, por tanto, la reconciliación.

El orden de nuestros pensamientos es importante. Tan importante que ordenarlos de otra forma puede llevarnos a vivir otra vida distinta.

Nuestras pequeñas decisiones son importantes. Tan importantes que son las que nos dirigen, nos encaminan, a las grandes opciones que marcan nuestra vida.

Es importante aprender a ser coherente con nuestros pensamientos y ordenarlos correctamente, tener una ética en la toma de nuestras pequeñas decisiones, saber dónde (junto a quien) debe estar nuestro compromiso y tener el valor de ser consecuentes con el camino que decidimos recorrer en nuestra vida. Pero no para las grandes cosas, para las pequeñas del día a día.

Esa creo que es la lección que se puede aprender de una vida como la de Salvador Allende.

Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.


Fondos en futuros

16 Junio 2008

Y dejándonos de tonterías como la de antes, un texto para reflexionar acerca del mundo que hemos montado y se puede leer entero en Im-Pulso, de Félix Soria.

De hecho, decenas de fondos de inversión y multimillonarios del mundo invierten en futuros del sector (de los hidrocarburos). Aterrizando aquí y ahora, ocurre que gran parte del capital que hasta hace unos meses era invertido en ladrillo ahora se invierte en comprar futuras producciones de petróleo para especular con ese bien. Esa y no otras es la causa fundamental de la actual carestía.


El agorero

16 Junio 2008

Lo leí en Rebelión, aparecido en Mundo Obrero.

El capitalismo, estúpidos

Julio Anguita González

Los bancos y las cajas piden al Gobierno que use el Fondo de Reserva de las pensiones contra la crisis crediticia. Los jefes de gobierno de la UE han pedido recientemente y de manera unánime que las demandas salariales se atemperen a fin de combatir la inflación. Desde todos los foros y ámbitos de análisis económico se viene advirtiendo que esta crisis es de una extraordinaria dimensión y tendrá consecuencias muy negativas, especialmente en España.

Por lo pronto algunas cajas de ahorros comienzan a sentir el dogal de la falta de liquidez, producto de sus alegrías inversionistas en el ladrillo y la subsiguiente especulación urbanística. En Diciembre del año pasado Javier Gómez-Navarro antiguo Ministro de Felipe González y actual Presiente de las Cámaras de Comercio de España declaraba sin ambages que los recursos del Estado deberían provenir en su mayoría de los impuestos indirectos (fundamentalmente el IVA) porque los pudientes tenían mecanismos de sobra para burlar a la Hacienda española en lo concerniente a sus rentas de capital.

Los impuestos sobre Patrimonio, Transmisiones y Beneficios empresariales comienzan a ser eliminados del horizonte impositivo español alegando que esas medidas promoverán la inversión y la “consecuente creación de empleo”. El Gasto fiscal representado en deducciones, exenciones y bonificaciones al capital no sólo se mantiene sino que aumenta “a fin de que se creen riqueza y puestos de trabajo”. El crecimiento económico medido a través del PIB (siglas mágicas para los gurús de la economía capitalista) sigue en un constante declinar previsión tras previsión. La precariedad avanza, el paro aumenta, las hipotecas siguen ahorcando a las economías familiares y los mileuristas son ya considerados unos privilegiados por colectivos cada vez más numerosos; es el cuento del hombre pobre que comía altramuces.

Las mujeres, en situación de paridad en los Consejos de Ministros y otras administraciones no perciben en infinidad de casos el mismo salario que los hombres en condiciones laborales semejantes. Sobre los inmigrantes sin papeles se ha decretado desde toda la UE la caza, captura y deportación consecuente tras internamientos o confinamientos ante el silencio total de la inmensa mayoría.

La crisis es triple: económico-financiera, energética y alimentaria. El monto monetario global multiplica por cinco el valor de los bienes que se supone debe representar. La inflación en estos y en los demás pagos tiene como componente fundamental el auge desmesurado de los beneficios empresariales y no los incrementos salariales. Sentencias de tribunales ya dan por buena y aplicable la directiva Bolkenstein. Y así casi hasta el infinito.

Las explicaciones que se están dando abundan en la idea de que el aumento del nivel de consumo de China e India está produciendo el desfase energético y alimentario. Ese argumento expresa, por otra parte, que el concepto de calidad de vida instalado por el capitalismo es incompatible con los Derechos Humanos aplicados a los 6.300 millones de habitantes del planeta Tierra. El propio concepto del PIB como medidor universal de lo que llamamos crecimiento sostenido comienza a ser cuestionado y en algunos trabajos de prospectiva se plantea ya el concepto de Decrecimiento aplicado a determinadas variables en la producción de bienes y servicios.

Ante este panorama la izquierda no puede realizar sus análisis en función de los espacios electorales y sus techos máximos. El lenguaje edulcorado que obvia una realidad en la que la radicalización del conflicto Capital- Trabajo viene expresada por la realidad insoslayable y también por las descarnadas declaraciones y propuestas de los administradores gubernativos de la Globalización.

Ante la Asamblea Federal de IU estas son las cuestiones que deben centrar el debate y la voluntad de organizar la respuesta. No hagamos más brindis al sol; el Capitalismo, estúpidos.

Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo.

Por otro lado,  la penetración de Blue-Ray Disc es mucho más rápida que la que en su día tuvo el DVD.

Que esto no sea como el mito de Casandra.


El imperio del consumo

8 Mayo 2008

Comer en el trabajo, de una fiambrera calentada en el microondas, tiene sus cosas. Entre otras, que además de los fijos siempre es posible que se quede algún “ocasional” para amenizar con nuevas conversaciones a mitad camino entre el discurso y el mitin las habituales, que al final uno se cansa de tanta carrera de montaña, tanta oferta de Lidl y Aldi, tanto onanismo mental hedonista superficial y tanto comentar la jugada de la partida de tute del día anterior como si fuera la final de la Copa de Europa con un penalti que decide el ganador en el último segundo.

Hoy se ha quedado a comer uno que no es de los de siempre, seguramente porque de 4 semanas que tiene un mes se pasa 3 viajando. Después de comer, ya con el yogur y el café-cortado-chungo-de-máquina, ha empezado con un “es que os pensáis que soy de ultraderecha por lo menos, y estáis muy equivocados, porque soy más socialista que muchos que se dicen socialistas”, le he interrumpido con un “yo, particularmente, más bien te encuadro entre fascista, de los del Partito Nazionale Fascista de Mussolini, y falangista, de los de Falange de José Antonio, como en la década de los 30 del sigo XX”. Espero que no se me haya enfadado mucho porque la palabra fascista no es algo que a nadie le guste oírla dirigida a sí misma, ni si quiera a los propios fascistas. El caso es que lo que ha seguido a continuación ha sido un mítin en toda regla y de los agotadores. Lo que más se me ha quedado es “en las facultades tendrían que explicar economía con un Monopoly, que eso es el capitalismo y dejarse de dar vueltas a todas esas teorías y fórmulas que no se entienden” porque me he dedicado a pensar en qué es antes, si el huevo o la gallina.

Para compensar el cansancio mental de la hora de la comida me acabo de leer este artículo de Galeano que hoy, reforzando mi teoría de que todo en Internet te vuelve aunque lo borres, me ha llegado y ya había leído hace tiempo.

El imperio del consumo

Eduardo GALEANO
Montevideo, Uruguay

La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar.

La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y
más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.

«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».

Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar. El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados.

Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.

Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la
mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald’s, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.

El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald’s no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald’s dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald’s de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín. Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald’s viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados de McDonald’s, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.

Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche,
y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.

Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar? El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.

Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiende en las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio.

Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas? El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial.

El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante.

El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.

La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.

Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.


La parcialidad que nos gusta

7 Mayo 2008

Hace algún tiempo, en realidad hace unos años, me comentaba un amigo acerca de la imparcialidad de El País, el periódico global de noticias en español, a lo que yo le objetaba que en realidad no era imparcial sino que su parcialidad era de nuestro agrado. Ese amigo era CC. Ahora, y a raíz del referendo que este fin de semana se ha realizado en la provincia de Santa Cruz, en Bolivia, no sé cómo de nuestro agrado será esta parcialidad.

El señor de Pablos (no Juan de Pablos, que es el que oigo u oía por las noches) ha plasmado su opinión en Rebelión y yo lo he trasladado aquí. Entiendo su cabreo, yo también he escuchado la SER, he visto Cuatro y he leído El País. Y me he quedado con los ojos como platos entre la des información que me proporcionaban y la que yo tenía. No quiero pensar que los intereses petroleros de Repsol YPF en la región y lo favorecidos que se puedan ver en caso de una autonomía como la solicitada para el departamento de Santa Cruz hayan tenido algo que ver, pero la sospecha ahí queda. Y esa es una parcialidad que no nos gusta. Claro, que el señor de Pablos ha sido mucho más beligerante que yo, mucho más directo. Alguien podrá decir que mucho más exaltado.


Referendo boliviano: El País vuelve a mentir

7 Mayo 2008

José Manuel de Pablos
Rebelión

En información del periódico madrileño El País, diario de referencia… negativa, aseguran que el referendo de Santa Cruz de la Sierra trata de conseguir para esa región boliviana una autonomía semejante a la española.

Dicho eso, lo que nos dicen, entre líneas envenenadas, es que el referendo es bueno… Además, no lo subrayan con un editorial crítico, sino que dejan pasar la bola.

¿Han tratado igual en El País la idea de referendo en el País Vasco?

Pero, como siempre sucede, la verdad resplandece. El diario mexicano La Jornada (ejemplo de periódico de referencia de verdad) dice lo que sigue, en un editorial condenatorio de la mascarada de los blanquitos bolivianos, donde queda de manifiesto la mentira de la empresa editorial con tantos intereses mediáticos también en la empobrecida Bolivia:

“… trasladaría facultades irrenunciables del gobierno central a la administración local: entre las 44 competencias que pretenden arrogarse los gobernantes cruceños destacan la administración de los recursos naturales, el manejo fiscal, el reparto agrario, el control del transporte carretero, ferrocarrilero, aéreo y fluvial, el mando de las telecomunicaciones y hasta la vigilancia aérea mediante radares, así como la salvaguardia del orden público, que en el orden constitucional boliviano corresponde al gobierno central”.

¿Acaso las autonomías españolas tienen competencias sobre los recursos naturales (digamos los parques nacionales); el manejo fiscal (digamos la declaración de la renta); el control del transporte (digamos aeropuertos, puertos…); las telecomunicaciones y el control aéreo (digamos AENA…) o el orden público (digamos la Guardia Civil y la Policía Nacional)?

El gran diario de la intoxicación ha vuelto a sentar cátedra, en su indudable viraje hacia la derecha, en lo mejor de su ‘pedrojotanización”, que es palabra que tiene que ver con Pedro J, pero también, qué curioso, con la entrada en la OTAN que apoyó El País. No lo perdamos de vista, compañeros.

José Manuel de Pablos (jpablos@ull.es) es catedrático de Periodismo de la Universidad de La Laguna (Tenerife, Canarias).


Todos con Bolivia (firmar)

30 Abril 2008

Me ha llegado esto por correo electrónico. No dispongo de mucha más información. Si alguien la tiene, que lo diga.

http://www.todosconbolivia.org/

El proceso de cambios a favor de las mayorías en Bolivia, corre el riesgo de ser brutalmente coartado. El ascenso al poder de un presidente indígena, electo con un respaldo sin precedentes en ese país, y sus programas de beneficio popular y de recuperación de los recursos naturales, han tenido que enfrentar desde los primeros momentos las conspiraciones oligárquicas y la injerencia imperial.

En los días más recientes, la escalada conspirativa ha alcanzado sus cotas máximas. Las acciones subversivas y anticonstitucionales con que los grupos oligárquicos pretenden dividir la nación boliviana, reflejan la mentalidad racista y elitista de estos sectores y constituyen un peligrosísimo precedente, no sólo para la integridad de ese país, sino también para la de otros países de nuestra región.

La historia muestra con sobrada elocuencia las terribles consecuencias que en todos los terrenos han tenido para la humanidad los procesos divisionistas y separatistas inducidos y respaldados por poderosos intereses foráneos.

Ante esta situación, los abajo firmantes queremos expresar nuestro respaldo al gobierno del Presidente Evo Morales Ayma, a sus políticas de cambio y al proceso constituyente soberano del pueblo boliviano. Al propio tiempo, rechazamos el llamado Estatuto autonómico de Santa Cruz por su carácter inconstitucional y por atentar contra la unidad de una nación de nuestra América.

Llamamos a todas las personas de buena voluntad a que unan sus voces para denunciar por todas las vías posibles esta maniobra divisionista y desestabilizadora en una hora histórica para la América Latina.

http://www.todosconbolivia.org/


¡La cittá está sedienta!

29 Abril 2008

Podéis leerlo más extenso y mejor explicado en Before the rain, blog al que me he aficionado las últimas semanas.

Mortadelo y Filemón - El caso del bacalao

Yo no entiendo más que lo justito de economia. (…) En 1984 leí “El caso del bacalao” del inmortal filósofo Francisco Ibáñez y decidí que no necesitaba saber nada más de economía. (…)

En “El caso del bacalao” una colla de mafiosos compran la producción mundial de bacalao, y llenan tiendas y mercados de bacalao a un precio de risa. Cuando la ciudad entera se ha habituado a comer bacalao a todas horas, los mafiosos cortan el suministro de agua a la ciudad y sacan a las calles sus camiones de agua, cobrando el líquido elemento a precio de oro. Negocio redondo.

Desde hace un tiempo esta forma de explicarlo es de las que más me convencen. Se puede expresar de muchas formas… como mi padre que lo explicaba con que no se puede vivir por encima de las posibilidades de uno. Ahora pagamos las consecuencias.

En fin, que lo mejor es que os paséis por blog de Forlati y leáis allí toda su reflexión. También os lo recomiendo en vuestro paseo diario.